Entrevista a Hugo Argañaraz (amigo de Atahualpa y habitante del Cerro Colorado)

Publicación: Huellas de la Historia, núm. 4, año 1

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“Atahualpa siempre hizo suyo el sufrimiento de los paisanos”

Entrevista: Profesor Sergio Brarda
Texto: Evelina Ramírez

Hugo Argañaraz conoció a Héctor Roberto Chavero cuando éste ya se hacía llamar Atahualpa Yupanqui. Don Ata nació el 31 de enero de 1908 en un paraje conocido como Campo de la Cruz, pero fue registrado en Pergamino, provincia de Buenos Aires. Su padre era oriundo de Loreto, Santiago del Estero, y tenía sangre quechua. Su madre había nacido en las llamadas Provincias Vascongadas, España.
Los primeros años de su infancia los pasó en Agustín Roca, allí su padre trabajaba en el ferrocarril. En 1918 la familia se trasladó a Tucumán y cinco años después falleció su padre. En su juventud, viajó por toda la argentina y países limítrofes, siempre acompañado por su guitarra.
Desde que empezó a dar a conocer sus poemas firmó con el seudónimo de Atahualpa Yupanqui, que etimológicamente significa "Viene de lejanas tierras para contar algo". En 1930 se acercó por primera vez a Cerro Colorado, lugar que lo cautivó y que luego eligió como lugar de residencia. Precisamente allí se nació la amistad con Hugo Argañaraz, la cual perduró durante varios años.

- ¿Cómo conoció a Atahualpa Yupanqui?
- Él se vino a vivir a Cerro Colorado en el año 1939; en ese entonces yo tenía un año de vida. Mi madre me contó que me movía la cuna y me cantaba canciones. Cuando padeció la persecución política (1), en el año 1945 más o menos, vivió en mi casa paterna durante casi seis años. Recuerdo que tocaba la guitarra varias horas y yo me ponía a jugar cerca suyo mientras lo escuchaba. Se ve que él también sentía cierto deleite de ver cómo yo jugaba siendo tan niño y en silencio.
Durante varios años vivió en mi casa y trabajó con un señor que era amigo de mi padre. Se juntaban en los pueblitos del interior, como Cerro Colorado y otros lugares similares para aprovechar el boom de la tecnología en aquella época, que era proyectar películas de cine. Era un gran acontecimiento para la gente del lugar que no tenía ni idea de lo que era el cine. Reunían alrededor de 20, 30 y hasta 40 personas; al finalizar el espectáculo se les cobraba. Según sus propios dichos, se les cobraba 20 centavos a los sabían leer y 10 centavos a los que no leían. Ellos vivían de esa pequeña recaudación y así transcurrieron varios años.

- ¿Qué recuerda de aquellos años en los que Atahualpa era perseguido?
- Me acuerdo que pasó muchas carencias. Mi padre, junto a otros amigos, organizaba pequeños espectáculos o reuniones para recaudar fondos. A algunas personas se les decía que iba a estar Don Ata, pagaban una tarjeta y lo que juntábamos se lo entregábamos para que siguiera tirando y para ayudarlo en su vida, que económicamente era muy difícil. No eran muchos los amigos que teníamos, las reuniones estaban prohibidas y a varios, como don Atahualpa, lo tenían en la mira como figura prohibida. (2)
Llegó un punto en el que se tuvo que ir a Europa y mantuvimos el contacto por correo postal. Allí encontró lo que nuestro país le negó: consideración, respeto y una fuente de trabajo muy bien remunerada. De esa forma transcurrió varios años, tuvo una gran amistad con Edith Piaf, “el gorrión de París”, como le decían. Ella misma lo llevó a varios escenarios donde actuaba y así fue que tuvo un éxito total (3). Actualmente se mantiene esa consideración en Europa, quizás más que aquí. Por eso es necesario que los jóvenes sepan quién fue Atahualpa, cuál fue su trayectoria.

Fue un hombre que permanente anduvo recorriendo caminos, conociendo lugares e historias de vida. Siempre hizo suyo el sufrimiento del criollo o del paisano que no tenía mayores recursos. Su vida ha sido siempre muy austera, de mucho sacrificio, con un poco dinero. Así fue sembrando coplas, conceptos y conciencia… y recorriendo el mundo con su guitarra. No cualquiera puede hacer una obra literaria tan grande como la suya, simplemente con un instrumento y sus composiciones poéticas, diciendo en cada una de ellas, mil verdades.
Recuerdo una anécdota que sucedió el día en el que el Cerro fue declarado Parque Arqueológico Provincial, en diciembre de 1957. El gobernador de turno, el general Medardo Gallardo Valdez, decidió ir con su comitiva al acto que se realizó el 15 de marzo del año siguiente. Como Atahualpa andaba por ahí, no pudo con su genio y decidió escribir unos versos alusivos a la fecha y describiendo lo que ese día ocurría.
No teníamos nada: ni un banco, ni una silla, ni siquiera el espacio físico para recibir a los funcionarios. Faltaban 15 días para la fecha. Le pedíamos a los vecinos que colaboren: a uno le pedimos una vaca a otro una cabrillona, un cabrito, pollo. Todo era válido para preparar comida. Hubo cuatro mil personas ese día. Teníamos 4 vacas, cabrillonas y lechones.
También había que preparar el lugar donde hacer la reunión para tanta gente. Se hizo en la costanera del río; tuvimos que limpiar el terreno porque estaba todo lleno de maleza, sunchos, matorrales y yuyos. Se pidió colaboración a las autoridades policiales departamentales para que nos ayuden en esa tarea Fue una movida bravísima.
Al día siguiente, don Ata me envío unos versos escritos por él sobre ese día, ese momento. Lo titulo “el 15 de marzo de 1958” y unos de los fragmentos dice: “Estaba el Cerro tranquilo/cada cual en su trabajo, /cuando llegaron de abajo/ tres demócratas eternos, /emisarios del gobierno, la lengua como badajo. /Reunir a la paisanada /traían como misión, /para hacer una función / de asados y de empanadas/ Y así tomar posesión/ De toda gruta pintada”. Él era siempre muy irónico.

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- ¿Durante cuánto tiempo le mandó cartas?
- Nos escribimos a lo largo de varios años. Cuido mucho cada uno de sus escritos y sólo lo comparto con aquel quiera saber de la vida de Don Ata. Por ejemplo, conservo esta carta que me envió desde París el 23 de mayo de 1977; extraña coincidencia, porque él murió un 23 de mayo también (4).
Me escribía “Querido Huguito”, porque para él siempre fui un niño, porque me tuvo entre sus brazos. En sus cartas nunca habla de su éxito, pero sí, de consideración. En una parte me escribe: “Hugo (“Azucena, el Hugo…”) y con esto hace referencia a un juego que hacíamos. Cuando yo tenía 6 ó 7 años, a la noche, para amenizar el momento o acortar la noche, organizábamos el juego de las flores. A cada participante le asignaban el nombre de una flor: clavel, rosa, pensamiento, margarita. A mí me habían puesto “azucena”. El juego consistía en que venía un visitante que tenía que descubrir qué flor era cada uno y si se equivocaba, tenía una prenda que podía ser que cantara como un gallo o ladrara como un perro, por ejemplo.
También conservo un manuscrito de 1980 y varios pomas que él me entregó. Todo lo guardo celosamente porque es la prueba y el recuerdo de la amistad que tuvimos.

NOTAS

(1) En 1945, Atahualpa Yupanqui se afilia al Partido Comunista, vínculo que mantendrá hasta el año 1952, fecha en que renuncia al mismo retomando una posición política independiente. Esta afiliación y su actitud crítica ante el gobierno peronista (1946-1952), le valdrán un silenciamiento forzoso durante todos esos años, en los cuales fue perseguido.

(2) Luego del derrocamiento de Perón, Yupanqui siguió siendo perseguido, por lo que estuvo alternando su residencia entre Buenos Aires y Córdoba hasta 1963, que inició una gira que lo llevó a instalarse en París.

(3) A principios de 1950, en la casa de Paúl Eluard, Edith Piaf lo escuchó tocar la guitarra y lo invitó a compartir un recital. "Ella, en esa época, estaba en su mejor momento y llenó París de carteles con una publicidad muy original que decía: 'Edith Piaf cantará para usted y para Yupanqui'. Fue un gesto maravilloso de su parte. Ella estaba en la cima de su carrera y quería compartir conmigo un espectáculo. Conmigo, que era un negrito que se escondía detrás de su guitarra". Fuente: http://letras-uruguay.espaciolatino.com

(4) Yupanqui murió en Nimes (Francia) la noche el 23 de mayo de 1992. Sus cenizas descansan en los jardines de su casa museo en la localidad de Cerro Colorado, a la sombra de un roble junto a las de Santiago Ayala "El Chúcaro", un gran bailarín de danzas folclóricas.

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